Evangelio del día y puntos de meditación del Domingo 14 de diciembre

Mt 11,2-11

En aquel tiempo, Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!».

Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. Entonces, ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Éste es de quien está escrito: ‘He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino’. En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él»


Para meditar:

  • Jesús confirma a Juan que Él es el Mesías esperado. Dios ha cumplido sus promesas, y ha visitado a su pueblo (cfr. Lc 7, 16).  Se ha hecho realidad lo profetizado por Isaías: «fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará» (Is 35, 3-4). En efecto, el Hijo de Dios encarnado ha venido para salvarnos del pecado, del demonio, de la muerte, reconciliándonos con Dios. Pero para acceder a la salvación que Cristo nos ofrece, es preciso primero creer en Él y por tanto bautizarse y después vivir según su palabra y ejemplo con perseverancia hasta el final. Así, y sólo así, podremos ser redimidos por Jesús

  • Juan se encuentra en la cárcel porque intentó corregir a Herodes, quien estaba conviviendo con la mujer de su hermano. No se calló ante el pecado ajeno, poniendo anticipadamente por obra aquello que el mismo Jesús explicaría más tarde: «si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano» (Mt 18, 15). Es necesario que nos ayudemos los unos a los otros, corrigiéndonos si hace falta, para perseverar en el buen camino, que es Cristo. Si no lo hacemos, si permanecemos indiferentes ante la mala conducta de nuestros hermanos, ello querrá decir que no les amamos de verdad en Jesús. Y al contrario: ninguna manifestación más clara de auténtica caridad fraterna, que la preocupación para que quienes nos rodean permanezcan fieles a Jesús

  • Juan es más que profeta: es el precursor del Mesías, de Jesús. Es aquél que ha sido enviado por Dios para preparar el camino, para ayudar al pueblo de Israel a estar bien dispuesto, de forma que pueda acoger favorablemente a su Hijo hecho hombre. Similarmente, también nosotros tenemos que prepararnos para la venida de Jesús, especialmente en este tiempo de Adviento, que tiene que ser tiempo de revisión de vida, de conversión, de penitencia. Hagamos examen y preguntémonos ¿Qué obstáculo u obstáculos hay entre yo y Dios? ¿Qué puedo hacer para apartarlos?

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *