Evangelio del día y puntos de meditación del viernes 26 de diciembre
Mt 10,17-22
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará
Para meditar:
- El Hijo de Dios se ha hecho hombre. Ha venido a este mundo, pero ¿con qué motivo? En el evangelio, Jesús aborda de forma provocadora esta cuestión mediante una pregunta retórica: «¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra» (Lc 12, 51-53). Y es que el seguimiento de Jesús implica persecución por parte de aquellos que le rechazan. Una persecución que seguro habremos sentido, de un modo u otro, en nuestras propias carnes, y que Dios permite para, entre otras cosas, probar nuestra perseverancia. Sólo el que permanezca fiel a Cristo a pesar de todas las dificultades manifiesta ser verdadero discípulo suyo.
- Como Jesús, hemos de saber poner la otra mejilla, practicando la mansedumbre, la paciencia, la caridad; evitando reaccionar de mala manera a los agravios que nos hagan; antes bien al contrario: perdonando, haciendo el bien a todos, también a nuestros enemigos. Con ello logramos grandes cosas. Por una parte, demostramos una gran fortaleza, ya que es más costoso vencer la propia ira, moderándola, que dejándonos llevar por ella. Por otra parte, adquirimos muchos méritos ante Dios, que mira complacido como sus hijos se comportan como tales, buscando siempre y en todo momento el bien de todos. Y finalmente, y sobre todo, imitamos y nos identificamos con Jesús, que actúa siempre con gran mansedumbre y caridad, y que desde la cruz no tiene otra petición que la de pedir a su Padre el perdón para quienes le están crucificando
- La perseverancia, la fidelidad a Cristo, no obstante todas las dificultades, interiores y exteriores que puedan presentarse, es esencial para que podamos alcanzar la salvación que Jesús nos ofrece: «el que persevere hasta el fin, ése se salvara». Dicha perseverancia exige, cierto, un esfuerzo por nuestra parte, pero en definitiva es fruto de la ayuda del Espíritu Santo, que viene en nuestro socorro con la gracia, la cual se nos comunica fundamentalmente por medio de los sacramentos. Con la ayuda de la gracia, apoyados por tanto en Dios, podremos vencer todos los enemigos y mantenernos fieles.