Evangelio y puntos de meditación del domingo 28 de diciembre
Mt 2,13-15.19-23
Después que se fueron los Magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: «Será llamado Nazareno».
Para meditar:
- Jesús es perseguido desde su más tierna infancia. Siendo un niño recién nacido, inocente e inerme, recibe ya la animadversión de los hombres. No se trata de un episodio puntual, sino de una constante en la vida de Jesús. En efecto, en ella se cumple plenamente lo que profetizaba el salmo: «bocas malvadas y fraudulentas se abren contra mí y me hablan con lengua mentirosa. Me cercan con palabras odiosas y me combaten sin motivo. En pago de mi amor me acusan, aunque yo oraba por ellos; me devuelven mal por bien y odio a cambio de mi amor (Sal 109, 2-5). Pero Jesús no responde, devolviendo mal por mal, sino que es paciente, bondadoso, continuando a hacer el bien a sus enemigos.
- Como Jesús, también sus discípulos -nosotros- serán perseguidos. No necesariamente mediante una persecución violenta, mortal (aunque en no pocos países los cristianos son todavía a día de hoy perseguidos), pero si quizá mediante la burla, el desprecio, el ostracismo, la desconfianza, las acusaciones infundadas… Es la hora de dar testimonio y de perseverar, con la ayuda de la gracia de Dios, recordando la última de las bienaventuranzas: «bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros» (Mt 5, 11-12).
- José es extremadamente dócil a las indicaciones que, en sueños, Dios le da por medio del ángel. Esta obediencia es muy del agrado de Dios, pues en efecto, «¿le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz? La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carneros» (1 Sam 15, 20). Como San José, también nosotros estamos llamados a obedecer a Dios en todo cuanto nos ha enseñado y mandado por medio de su Hijo hecho hombre. Él mismo nos lo pide cuando, en la Transfiguración de Jesús, proclama desde lo alto: «este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo» (Mt 17, 5).