Evangelio del día y puntos de meditación del jueves 1 de enero

Lc 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.


Para meditar:

  • Dios quiso que los primeros testigos del nacimiento de Jesús, aparte de María y José, fueran unos humildes pastores. Esta no es una elección casual, pues los pobres, los humildes, los sencillos… se encuentran mejor predispuestos para conocer aquello que Dios hace entre los hombres. De ahí la acción de gracias de Jesús que nos relata el evangelio:  «te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien» (Mt 11, 25-26). Tratemos de crecer, especialmente en estos días, en la virtud de la humildad, para poder así comprender mejor el misterio que estamos celebrando: el del nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre.

  • María guardaba todas estas cosas que sucedían en torno al nacimiento de su Hijo y las meditaba en su corazón. De tal forma, nos da un ejemplo de lo que también nosotros debemos hacer, si no queremos quedarnos simplemente en la superficie del misterio de la Navidad, defecto por cierto en el que es muy fácil caer. Más bien al contrario, Dios quiere que comprendamos con la mayor plenitud aquello que ha hecho entre nosotros en estos días de Navidad, al enviarnos a su propio Hijo hecho hombre. Y Él nos ilumina precisamente en la oración. De ahí que ésta resulte tan importante precisamente en éste tiempo. ¿Cómo estoy cuidando la oración durante estas fiestas?

  • A los ocho días imponen al Hijo de Dios y de María hecho hombre su nombre: Jesús. Un nombre que en hebreo significa «Dios salva», y que por tanto indica ya en sí mismo lo que Jesús es -Dios, aparte de hombre- y lo que ha venido a hacer: salvarnos del pecado y de la muerte, reconciliándonos con Dios. Este nombre poderoso puede y debe convertirse en una jaculatoria que recemos con frecuencia durante estos días. Nos ayudará a tener más presente al Niño Jesús y a conservar nuestro corazón centrado en Él

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